INTRODUCCIÓN

1.1. ¿QUÉ ES EL MAR MENOR?

El Mar Menor es una de las lagunas litorales de agua salada más singulares en Europa y la más grande dentro de la Península Ibérica. Se encuentra en una depresión de terreno con una extensión de 135 km2 y una profundidad máxima de 6 metros. A lo largo de sus aguas se ubican hasta 5 islas, todas de origen volcánico, y donde las más conocidas son la isla Perdiguera y la del Barón. La laguna se halla separada del mar Mediterráneo por una estrecha franja de terreno conocida como La Manga del Mar Menor, con una longitud total de 22 kilómetros.

Dadas sus características climatológicas y ecológicas (alta insolación, pocas conexiones con el mar Mediterráneo, hipersalinidad, acusadas diferencias de temperatura entre las épocas estivales e invernales, etc.) hacen posible un ecosistema muy particular en torno al Mar Menor con un elevado valor medioambiental. (1)

 

1.2. VALOR MEDIOAMBIENTAL

1.3. INTRODUCCIÓN AL PROBLEMA

Ese destacado valor medioambiental le ha merecido la incorporación a múltiples listas de humedales, zonas costeras y espacios protegidos, tanto a nivel regional, como nacional y mundial. Fue declarado Humedal de Importancia Internacional (HII) por el Convenio RAMSAR, con el número 704, en el año 1994 (2) (3) y, en el año 2001, entró a formar parte de la lista de Zonas Especialmente Protegidas de Importancia para el Mar Mediterráneo (ZEPIM) (4) (5).

 

Ese mismo año también fue categorizado como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) (6) (7) (8) y, posteriormente, en el año 2006, fue finalmente clasificado como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) (9) (10) (11). No solo eso, sino que además se trata de un lugar emblemático de la Región de Murcia, dotada de interés científico, cultural y, que además, ofrece múltiples usos turísticos, pesqueros y salineros.

En los últimos años, sin embargo, el Mar Menor está experimentando un declive medioambiental catastrófico, que amenaza con acabar con la laguna tal y como la conocemos (12). Lo cierto es que las primeras advertencias fueron hechas hace alrededor de dos décadas (13) (14), cuando la agricultura de regadío comenzó a extenderse en la ribera del Mar Menor mientras que la construcción y el turismo empezaban a alterar el paisaje natural de La Manga (15).

 

Actualmente, investigadores y organizaciones en defensa del medioambiente continúan denunciando una rápida y continua degradación de la laguna (16), convirtiéndolo un tema delicado para la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia (14). De esta manera, la preocupación por su estado actual y el futuro que le depara no han hecho más que aumentar (17).

 

1.4. el mar menor en peligro

No son pocas las dificultades a las que se enfrenta actualmente esta albufera (1). Todas ellas han sido el resultado de años de prácticas agronómicas insostenibles y despreocupación por el futuro de la laguna. Estas prácticas, prolongadas durante tanto tiempo, hacen imposible pensar en una solución para el Mar Menor a corto plazo (18) (19).

 

El sector agrícola murciano se lleva gran parte de la responsabilidad. La agricultura de regadío y la escasez de precipitaciones en la Región de Murcia obligó a los agricultores a extraer agua de los acuíferos subterráneos, cuyas aguas son salinas, para continuar con la producción. De esta forma, el empleo de desalobradoras se volvió algo común en la ribera del Mar Menor. El problema es que las desalobradoras no sólo dan lugar a agua dulce, sino también salmueras, que son vertidas de nuevo al lugar de donde procedían. Como consecuencia estamos presenciando un proceso de dulcificación del agua, ya que la concentración en sales de la salmuera es menor que la de la laguna.

Existen regulaciones, impuestas por la Comunidad Autónoma, que tratan de limitar este proceso de dulcificación acotando la cantidad de agua que se puede extraer. Por desgracia, se sabe que gran parte de los agricultores han desobedecido dichas regulaciones abriendo pozos ilegales e instalado decenas de desalobradoras no registradas. Hoy por hoy se están llevando a cabo investigaciones y se están desmantelando las desalobradoras ilegales, pero toda esa acción ha llegado cuando el daño ya estaba hecho.

 

El modelo intensivo de la agricultura murciana también ha sido un factor determinante en el deterioro marino. Los fertilizantes y pesticidas son algo común en la ribera, por lo que durante la irrigación de los campos, el agua acaba arrastrando esos químicos y volviéndose rica en nutrientes (20) (21) (22). El Campo de Cartagena y la Huerta de Murcia llegan a producir anualmente hasta 3300 toneladas de estos vertidos (13), que acaban desembocando en el Mar Menor a través de ramblas, como la del Albujón (23). En esa zona se concentran muchos de los esfuerzos realizados hasta ahora, pues la concentración media de nutrientes disueltos es de 700 ppm, cuando lo máximo permitido para el vertido al mar son 150 ppm (21). No obstante, se suelen pasar por alto las filtraciones de aguas contaminadas que siguen llegando a través del subsuelo (24), por donde se calcula que el Mar Menor recibe entre 38 y 46 hm3 cada año.

 

El Mar Menor ha sido desde siempre un ecosistema oligotrófico, es decir, pobre en nutrientes (25). Este hecho hacía que sus aguas fueran cristalinas. Sin embargo, tras décadas de actividad agrícola (26), la acumulación de nitratos y fosfatos permitieron la proliferación descontrolada del fitoplancton, dándole un color verdoso al agua (27) y limitando la entrada de luz a través de ella. Mientras tanto, los fondos marinos comenzaron a acumular materia orgánica según el fitoplancton y otros seres vivos morían, dándole un aspecto y consistencia cenagosa. Los procesos bacterianos que intervienen en la descomposición de los restos orgánicos consumen mucho oxígeno pero la incapacidad de las algas de hacer la fotosíntesis impedía su renovación. De esta forma, gran parte del fondo marino se volvió anóxico, perjudicando gravemente a las poblaciones de seres vivos que lo habitaban (28).

Los dragados (29) y la construcción de nuevas golas entre esta laguna y el mar Mediterráneo fueron otro agente importante en su deterioro. Con un mayor número de conexiones, el intercambio de salinidades entre ambas masas de agua contribuyó a la dulcificación. Asimismo, la dulcificación de las aguas favoreció el proceso de eutrofización, ya que los microorganismos involucrados en el proceso eutrófico se desarrollan mejor en medios no tan salinos (30). La abundancia en fitoplancton y microalgas atrajo a diversas especies de medusas (31), que tuvieron un fácil acceso al Mar Menor gracias a sus numerosas conexiones con el mar Mediterráneo e invadieron por completo las aguas.

La contaminación de las aguas también es un problema asociado al turismo excesivo. Desde que el Mar Menor se constituyó como un destino ideal en los años 70 (15), infinidad de modificaciones se han realizado en sus playas, para acoger a un desmesurado número de turistas cada verano. En La Manga,

las urbanizaciones, los resorts y las segundas viviendas ocupan prácticamente la totalidad de la costa (15), invadiendo incluso playas si es necesario. Como resultado, el número de embarcaciones activas durante la época estival se multiplica y el censo de naves registradas acumula alrededor de 200 nuevas solicitudes cada año (32).

 

Según los datos del año 2012, el Mar Menor albergaba en sus aguas alrededor de 2700 embarcaciones (32), divididas entre el sector pesquero, empresas de actividades marítimas y propietarios particulares. Independientemente de su tamaño, potencia o uso, todas esas embarcaciones funcionan gracias a motores de combustión (los veleros disponen también de motores, que proporcionan propulsión auxiliar en caso de no haber viento) y, por tanto, también contaminan el agua.

 

Los motores de las naves, en continuo contacto con el agua, contienen parafinas y aceites para su correcto funcionamiento. Asimismo, muchos barcos, dejan un rastro de combustible (gasoil o gasolina) al navegar, que resulta fácilmente visible (21). Sustancias como estas son enormemente dañinas para el medio acuático y extremadamente difíciles de eliminar (33), por lo que si la situación continúa así, podría llegar a convertirse en una cuestión incluso más preocupante que el actual problema de los vertidos agrícolas. Por si no fuera suficiente, el funcionamiento de estos motores implica elevados niveles de ruido, especialmente en las motos acuáticas de altas prestaciones. Lo alarmante de este tema es que se ha comprobado que el ruido de lanchas y motos de agua llega a alterar el comportamiento de las especies marinas, reduciendo las posibilidades de las crías para prosperar (34). La contaminación acústica también resulta un inconveniente para las personas, pues inunda el ambiente de sonidos estridentes que desagradan a los bañistas (35). Todas estas son las circunstancias que han situado a diversas especies autóctonas en riesgo de desaparición, amenazando la biodiversidad del ecosistema.

 

El fartet (Aphanius iberus) y el caballito de mar (Hippocampus guttulatus) son ambas especies autóctonas, que en el pasado fueron increíblemente abundantes en estas aguas (25). Hoy en día las poblaciones de Aphanius iberus están disminuyendo según la Lista Roja de la UICN (36) y se encuentra en peligro de extinción desde 1990 (37). Siguiendo la misma línea, según investigaciones locales, el caballito de mar ha reducido su población en un 90% desde 2012 en el Mar Menor (38) y su situación a nivel global es indeterminada por la falta de datos al respecto (39).

 

Claramente, todos los problemas que experimentan estas aguasestán interrelacionados y unos agravan a los otros. No es algo que debamos pasar por alto. No obstante, la dejadez de las instituciones públicas y el desinterés político sólo impiden que estas cuestiones reciban una solución efectiva y definitiva. Las circunstancias del Mar Menor son tan críticas que, en 2017, Ecologistas en Acción llevó el caso ante la Secretaría del Convenio Internacional Ramsar para que interviniera y así obligar al Ministerio a dar respuestas por semejante irresponsabilidad (40).

 

Todo este ecosistema está perdiendo su atractivo turístico (41) (42) y su valor medioambiental, debido a unas aguas menos limpias, playas degradadas y prácticamente ninguna fauna que observar y admirar en los primeros metros de costa (21). La concienciación los problemas del Mar Menor ya es extensa entre poblaciones próximas a la laguna, que oyen continuamente hablar de ellos. Lo que realmente se necesita es compromiso ciudadano, empresarial y gubernamental para detener la catástrofe (1).

 
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